10.24.2008

Capítulo I

Porque se anuncia algo, una razón, y esa razón es suficiente temblor.

Rozando, rozando, tocando, pequeño menudo movimiento, minúsculo vapor de aliento.


Rojo el color que atavia las yemas encarnecidas celosas e involuntarias de este cuerpo,

recorren, surcan con su permiso mi niño, con su permiso, niño. Desprenden, transgreden

la superficie seca de piel, de lo que delimita su ser, de lo que cae sin rostro

al suelo y nos abre los pechos.

Hace mucho que sentimos el peso de todos en nuestras rodillas, nos hicimos caso, nos doblegamos a todos ellos, de veneno nos hicimos hacia ellos y lo vertimos en nuestros cráteres abiertos y ausentes. Tienes hambre. no, no,tengo sed, si, sé que tienes sed, me lo sé como viejecito, ja! como viejecito envenenado si-si, como viejecito, espera, deja termino, ¿terminas, terminas que? pues esto, te paso la botella, no-no, termina.

En esa habitación estaban dos ojos, negros, grandes, solemnes. Parecían mirarme mas yo sabía que no lo hacían. Se miraban a si mismos, se reflejaban en mi piel, la tocaban y daban vuelta de regreso. En esta recamara no cabía espacio para mas ideales y signos, todo me absorbía de repente.

¿Puedo tocarte?

Si, es lo menos que puedes por el momento.

Mientras el tomaba de la botella yo acariciaba incestuosamente su rodilla, me estorbaba la ropa, siempre me ha estorbado la ropa, él, solo miraba. Un impulso conocido sobresaltó a mi brazo, ya estaba en su mejilla, luego en su cuello, en su nariz, en cada una de sus cejas, me mojaba los dedos de su olor, y la pequeña luz que entraba por las persianas me consentían la vista. Recorrían, buscaban y se hacían uno con su piel tierna y paciente, los olores a tarde mojada, preguntaban, escondían la mirada en la masa.

Se empezaron a hinchar mis yemas, se volvieron negras y reventaron una a una dejando salir un liquido verde amarillento que me causó pánico, el olor se volvió agrio, sus ojos dejaron de mirar, y un dolor inmenso me dobló el cuerpo entero,

Las ratas se pasean por el prado,

giran la cadera y se pegan entre ellas,

las ratas miran a la tierra,

de ahí, de donde vienen.

No tienen a donde volver

van color azul, vienen arena hierro

son de la matriz sagrada,

esa,

nuestra madre.

Mis manos blancas y amarillentas al ras de mis codos, temblando. Él cual piedra, se hundía en el colchón de la cama lentamente, un grave y crujiente sonido retumbaba en las paredes haciendo un eco insoportable, cada vez era mas fuerte, cada vez mas cercano. Alcé mi cabeza pálida y esquelética, parpadeé los ojos para poder ver entre lagrimas y líquidos, quise ver sus ojos antes de que hundiera por completo, conocí el agua sabor rojo y el fuego sabor a verde.

catarsis! catarsis! rápidamente y a la manera que mi cuerpo sedado me lo permitía, moví uno de mis brazos congelados, un sentimiento horrendo de impotencia abordó mis entrañas, lloraba y tragaba de mi lágrima. Alcancé su cabello y jalé con todas mis fuerzas, mis cuerpo se balanceó al contrario y se curvó creándome una enorme joroba en el pecho. gritando,

balbuceando dije: Soy y porqué no me controlas!!

él solo respondió: “un beso nunca se roba”.

Arranqué sus cabellos, y su cuerpo se hundió de completo hacia lo negro, allá en la tierra. aventé el resto de su cabellera, gateando y con la cabeza hacia el cielo llegué al baño, me empiné totalmente y escalé en reversa uno de las paredes hasta que estuve boca abajo en la taza, y de mi, de mi, miles de seres llenos de baba salieron de mi cuerpo, largos, cortos, saltando, escurriéndose por mis mejillas, luego mi cuello después mis piernas, tenían mas de cinco ojos, y todos viéndome y caminando hacia atrás buscaron el agua del escusado, se juntaron, subí mi mano amarillenta y roja, con la palma de mi mano jalé la perilla.

Caí exhausto en el piso...


El dolor, es insoportable.

8.03.2007

El amor nos entierra las almas al piso

el amor nos entierra las almas al piso

el amor nos enterra los dedos-las uñas, de agua y de sal.

Nos amarra los pies con tallos espinados,

nos cose los dientes con hilo de metal.


Sembramos y no nos dimos cuenta que seguían creciendo.

Dimos vida, nos dimos vida, nos seguimos alternando el molino.

Molemos granos,

ya cortamos desde las raíces,

ya horneamos horrores olores nocturnos,

ya surcamos el contorno de las aberturas,

y nos empapamos de miel rojarojaroja zarzamora, sabor de zapote.


Tu amor me comió cual jauría de perros.

Me destazó mis manos,

Me entregó inmensas alas,

me inclinó ante los pies del piano,

me amartilló el cráneo hasta agujerarlo por completo.

Tu estómago.

amarga hiel que trague como tequila añejo.

Tus ojos,

mar profundo, insomne, sonoro.

Tus labios,

“Perfume de gardenias”


La Negra de Sosa,

La llorona de Vargas,

El llanto mocedades,

Daniel Toro.


Cuélgame en la pared de tu casa,

muéstrame como diploma bien ganado.

Cuélgame en el sillón cual trapo sucio de México,

sacude tu cuerpo de mi,

límpiate del mole y de las chalupas,

del maíz, y de la tortilla,

del grano y de la maza.


Mojaré el zacate de mi cuerpo con tu piel,

tenderé mi cuerpo con el viento agrio de Toluca,

tenderé mi cuerpo sucio con el viento cochino de la Capital.

Siervo yo, de tu Sol magnifico de amor.


Mi amor, nos enterramos las almas al piso,

los dedos, la uñas, de agua y de sal,

nos amarramos los pies a los tallos espinados

y nos cocimos los labios con hilo de metal.

Dejaría que se comieran los granos los animales,

y esperaría una vida entera,

volver a verlos Crecer.


Fuimos Sabia Negra, postre dulce, negro, pero dulce

Mi menudo dulce,

Nuestro dulce.



A Diego G. de Carlos.

7.16.2007

16/08/07

Estoy muriendo.

Agarra el lápiz Carlos, agárralo por la punta,
encájalo a tu pecho,
llámate revolver.

Tómalo,
siéntate en el banco.
Cocina fruta de noche
amasaja la maza del pan.
Copeate unos tragos de zamba
Olvida esperanza y fe

Réquiem, mi Réquiem
ahora volveré
vuelvo de nuevo a escribir
el Son Huasteco,
La Negra que llora
La llorona Chavela
La Negra De Sosa
El Silvio Rodriguez
El Daniel, el Toro

Clávalo, mételo en el ano,
entiérralo
cóselo
embrazalo.

Y escribe, y duerme,
Sueña, sueña lindas cosas
sueña que cada día cayeron del
sepulcro cuerpo mas células vivas.

Haz que griten,
- están gritando -
Hazlos llorar - sollozan
Hazlos sentir - Sienten
Mátalos - ya están muertos
Entiérralos - no tengo tierra!
Cocínalos - el carbón ya no es negro!
Cocínalos - El pan aún no está listo!

Hazlos morir - ya van muertos...

Déjame Morir.
sabes que no puedes...

6.29.2007

Articulo de Castañeda

http://www.jornada.unam.mx/2006/10/05/ls-mercado.html

5.14.2007

El miedo del artista ( de Gabriela Conti)

Tratar de “ser alguien” se ha convertido en un modo de vida, ya no vivimos en el presente continuo de la acción cotidiana. Se ha confundido el superficial “vivir el presente”, con las profundidades del “estar aquí” con nuestra conciencia en presente y en continuidad. Se nos ha ido proponiendo trabajar para “ser alguien” de acuerdo a las pautas de este mundo actual, distante de la comunicación real a pesar de disponer de tecnología.

Se enseña al estudiante de arte que hay que tener éxito para “ser alguien”, ser parte de una élite, ganarse un lugar de reconocimiento. Y en este camino de trabajar para demostrar la valía, se pierde la verdadera función del artista, la de comunicador. ¿Qué comunica el artista? Un lenguaje, un conjunto de símbolos y creencias. Comunica la cultura. Mantiene al día para el resto de la comunidad a la que pertenece, nada menos que la identidad.

En esta búsqueda de “ser alguien”, se pierde la propia identidad y el placer de la labor artística, se pierde la entrega. Y persiguiendo el objetivo equivocado -en lugar de comunicación- sobreviene el miedo. El miedo del artista en el escenario, a equivocarse, a no ser perfecto, a no tener el “don”, a ser rechazado, a no ser amado. Este miedo del artista es propio de haberse desvirtuado su rol esencial. Pero también es el espejo del miedo que padece una comunidad que ha perdido su identidad y que la busca fuera de su propio eje, en modo y lugar equivocados.

Como comunidad necesitamos encontrarnos con nuestra identidad, como artistas necesitamos expresarla cotidianamente para sustentar nuestra cultura y dejar de temer. Ese éxito tan preciado es la consecuencia del camino adecuado hacia la meta, la recuperación de la identidad. ¿Buscar ser alguien?.... enraizados en nuestra cultura, siempre somos alguien, el problema es que no lo hemos notado. Creo que el camino más funcional es no tratar de ser como otros (otro artista, otro maestro, otro pueblo) sino intentar ser la más legítima y pulida versión de nosotros mismos.

Como un músico aprende a afinar su instrumento, necesitamos aprender a afinar nuestra conciencia.

* Esta nota fue publicada en la revista Viva (diario Clarín) del domingo 25 de septiembre de 2005.
Reproducida en el sitio con autorización de la autora.
Gabriela Conti

3.21.2007

De Manuel Gutiérrez Nájera

¡Hora de Inmensa Paz! Naturaleza entregada en las horas de la noche a insomnes trasgos y fantasmas fieros, breves instantes dormitar parece en espera del alba...

contribución del hermoso "Jos" ...

2.23.2007

Mi Magna e idolatrada hermana



En el amor.

En la balanza de lo que te crea estabilidad.

En el silencio donde te encuentras, y donde te rimas poesía de tan frágil materia.

En la roca, en las alturas donde te crees más tu poder escondido.

Martha: del Hebreo "afligida", naturaleza idealista y sensitiva.